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OECD Secretary-General

Ceremonia de Entrega del Doctorado Honoris Causa de la Universidad Rey Juan Carlos

 

Discurso de Aceptación de Angel Gurría

Secretario General, OCDE

4 de marzo de 2016

Madrid, España

 

(Preparado para su distribución)

 

 

Señora Decana, Señor Rector, Doctor Stanley Payne, Embajadora, entrañables Ricardo Díez-Hochleitner y Silvia, querida Lulu, amigas y amigos:

 

Decía Ortega y Gasset que “la vida es una serie de colisiones con el futuro; no es una suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser.” Pero lo que anhelamos ser tiene que ir cambiando con el tiempo, aspirando a la excelencia en todas nuestras actividades, en nuestras decisiones, para tener impacto. El máximo anhelo que podemos tener es dejar huella, “hacer camino al andar” como decía Machado, y que se reconozca que “por aquí pasó e hizo la diferencia.”

 

En mi caso ese anhelo se canalizó hacia el servicio público. Y esa ha sido siempre la constante. Mi vocación de servicio público definió que escogiera la economía como carrera, influyó en mi decisión de estudiar en una universidad pública, la Universidad Nacional Autónoma de México, con alumnos de todos los estratos sociales.

 

Entonces tomé la decisión más importante de mi vida: me casé con Lulu, que llegó a ser la oftalmóloga más destacada de México, y que sirvió a los pobres enfermos de los ojos, prácticamente gratis durante casi 30 años – 350 mil al año en el hospital que ella dirigía. De ella tomé también fuerza e inspiración.

 

Ese mismo interés por “la cosa pública” me llevo a estudiar mi Maestría en la Universidad de Leeds, en Yorkshire. Era una época de plena efervescencia política en Inglaterra, marcada por la huelga de los mineros y la semana laboral de tres días para ahorrar energía.

 

Me acuerdo que solamente se podía encender un foco por habitación, lo cual en nuestro caso no era gran problema porque sólo teníamos una habitación; también había que economizar agua caliente, lo cual nos vino muy bien porque desde entonces nos duchamos juntos.

 

Vivimos de cerca la lucha laboral, las manifestaciones que terminaron con la renuncia del Primer Ministro Ted Heath en 1974. Así fui viviendo y comprendiendo mejor los enormes desafíos de la gobernabilidad y la importancia de los movimientos sociales, como los que me había tocado vivir en México en el 68. También en Leeds entré en contacto directo con otros países en desarrollo, a través de tantos migrantes y compañeros universitarios provenientes de las Indias Occidentales, de África, de Asia. ¡Leeds fue una universidad dentro y fuera del salón de clase! Se hablaba ya entonces de Yorkshire como “Paki Country”, de manera despectiva, por los miles de migrantes del subcontinente asiático que trabajaban en condiciones muy precarias en la industria textil.

 

Esta conciencia de lo social permeó mi desarrollo profesional. Desde mis primeros trabajos de obrero general en la refinería de PEMEX a los 14 años, en la Comisión Federal de Electricidad, o en el Fondo Nacional de Fomento Ejidal, que financiaba a los campesinos más pobres, hasta mis días como Embajador de México ante la Organización Internacional del Café en Londres, en 1977, cuando el café para México era como el  petróleo de ahora. 

 

Después volví a México a contratar primero y renegociar después la deuda externa del país, creando esquemas innovadores de restructuración de deuda, que se usaron en toda América Latina y que hoy le hubieran servido bien a países como Grecia. Poco a poco fui ampliando la ventana desde la que miraba a mi propio país y al mundo, como Director General de Nacional Financiera, después del Banco Nacional de Comercio Exterior.

 

Esta trayectoria me llevó a ser nombrado Ministro de Relaciones Exteriores en 1994 en el Gobierno del Presidente Zedillo, posición en la que me enfrenté a un sinnúmero de retos nuevos. Temas como la proliferación de armas nucleares, el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea o la Ley Helms Burton, la cual denunciamos ante la OEA por sus implicaciones extraterritoriales. Después fui nombrado, en 1997, Ministro de Finanzas, donde pude construir el “blindaje” de la economía que puso fin a las recurrentes crisis transexenales y entregar el gobierno a un partido de oposición por primera vez en siete décadas, con la economía creciendo al 7%.

 

En este camino crecieron mi pasión por América Latina, mi reconocimiento de la inevitabilidad de la integración económica con América del Norte, mi admiración del proyecto de integración europea y mi cariño por España, mi admiración por su gente, sus escritores, sus poetas, sus múltiples culturas, su alegría, su música, su comida y sus tradiciones.

 

Yo visité España por primera vez hace casi 50 años, en 1968. Era otro mundo. He perdido la cuenta del número de veces que he vuelto. Me siento muy afortunado por haber sido testigo cercano de la modernización de este país, durante los últimos cuarenta años de consolidación democrática, desarrollo económico y avance social. Esto es algo que se pierde de vista en momentos difíciles. No debemos olvidar lo mucho que España ha cambiado — ¡y para bien! — en poco más de una generación.

 

Conocí en distintos momentos a todos los Presidentes de Gobierno de la democracia y tuve el honor de trabajar directamente con los últimos cuatro Presidentes y muchos de sus Ministros y Embajadores.

 

Me parece de elemental justicia destacar el papel fundamental que el Rey Juan Carlos I desempeñó a lo largo de este proceso. Ha sido un privilegio desarrollar una relación de amistad, afecto y admiración con él y con el entonces Príncipe Felipe de Asturias, ahora Rey Felipe VI, a quien le ha tocado jugar un papel tan importante en la consolidación de la confianza de la sociedad española en la monarquía y en la actual transición política.

 

Al dejar el Gobierno de México en el año 2000, pasé varios años como consultor,  pero siempre vinculado a la dimensión internacional y a los retos del desarrollo: en el Centro para el Desarrollo Global en Washington DC, en el Consejo de Población en Nueva York, o el Centro para la Innovación de la Gobernabilidad Internacional en Canadá.

 

Todo esto me ayudó a prepararme para el momento en el que decidí competir por el puesto de Secretario General de la OCDE. Fue como una progresión natural. Y ahora, casi diez años después de haber tomado posesión, habiendo recibido recientemente un tercer mandato, miro hacia atrás y hacia adelante y celebro esta gran oportunidad.

 

Desde la OCDE, hemos ayudado a muchos países a enfrentar la crisis económica y social más grande de nuestras vidas y su pesado legado: un bajo crecimiento, altos niveles de desempleo, creciente desigualdad y una profunda crisis de confianza en las instituciones. Ayudamos a los países a diseñar, promover e implementar reformas estructurales en una amplia gama de sectores; estamos ayudando a fortalecer la gobernabilidad mundial en el G7 y G20, la APEC, la Alianza del Pacífico y otras instancias; estamos diseñando estándares internacionales y políticas públicas para enfrentar los grandes desafíos de nuestra era.

 

Permítanme destacar cuatro que considero cruciales para nuestro futuro.

 

Primero, la reanudación del crecimiento sostenido. Hace sólo dos semanas redujimos en un 0.3% las perspectivas de crecimiento de la economía global, que apenas alcanzará el 3% en este año, el mismo nivel que en 2015 e inferior al 4% del período previo a la crisis. 

 

Seguimos sin salir del túnel: el crecimiento es débil, titubeante y disparejo, pese a los bajos precios del petróleo y las materias primas, así como las bajas tasas de interés. El comercio global sólo creció un 2% en 2015, cuando lo debería estar haciendo al 7%. La productividad está estancada. La inversión sigue sin despegar. Tenemos que reactivar el crecimiento sostenido y la única vía es a través de las reformas estructurales. Un desafío en el que la OCDE está trabajando intensamente con cada vez más países, incluyendo a España.

 

Segundo, la reducción de las desigualdades. En los países de la OCDE, la relación entre los ingresos del 10% más rico frente al 10% más pobre en 1980 era de 7 a 1; hoy es de 10 a 1. En España es de 12 a 1. En México es de 30 a 1. En Brasil, de 50 a 1. En Sudáfrica, quizá más de 100 a 1. Obviamente también hay que combatir también las desigualdades entre países. Por eso son tan importantes los Objetivos de Desarrollo Sostenible, aprobados en Nueva York en septiembre pasado, y sobre todo su implementación, tarea en la que la OCDE ya está muy activa.

 

Y es que necesitamos emparejar el terreno y generar mayor igualdad, tanto de ingresos como de oportunidades. Por eso en la OCDE hemos lanzado la iniciativa Nuevos Enfoques ante los Retos Económicos (NAEC), que es nuestra versión del “Non nova, sed nove” que lleva esta Universidad como lema (“no cosas nuevas, sino de una manera nueva”). También hemos impulsado la Iniciativa para el Crecimiento Incluyente, la Iniciativa de Género y el Objetivo de Género 25X25 en el seno del G20, entre otros.

 

El tercer gran desafío es mejorar la capacidad de nuestros sistemas educativos y laborales para dotar a nuestros jóvenes de las habilidades y destrezas que exige el siglo XXI. No puedo pensar en una peor amenaza para el tejido social que el desencanto de los jóvenes.

 

La OCDE está trabajando cada vez con más gobiernos en el lanzamiento de Estrategias Nacionales de Competencias, Habilidades y Destrezas. El año pasado le entregamos a España un Diagnóstico en el que identificamos 12 desafíos en el fortalecimiento de las habilidades y destrezas de los jóvenes españoles. Desde entonces, más de 10 países nos han solicitado el mismo estudio.

 

El cuarto gran desafío es revertir el deterioro del medio ambiente. El cambio climático está trastornando la vida en nuestro planeta. Como dije en mi Cátedra Magistral de la London School of Economics sobre el Desafío Climático en 2013, hay que llegar a cero emisiones netas de gases efecto invernadero en la segunda mitad de este siglo.

 

Por ello es importantísimo lo que sucedió en Diciembre pasado en la COP21, en donde cerca de 200 países se comprometieron a poner fin a la era de los combustibles fósiles. El Acuerdo de París contempla compromisos para establecer un precio a las emisiones de carbono, acelerar la eliminación de los subsidios a los combustibles fósiles y aumentar la inversión en energía limpia. Cada cinco años se van a revisar los avances. La OCDE será parte de ese GPS.

 

A estos retos de siempre se suman hoy otros que amenazan la estabilidad y el progreso de nuestras sociedades, como el terrorismo, las guerras y conflictos regionales y sus consecuencias, como las migraciones masivas de las que hoy somos testigos. La OCDE trabaja en la integración de migrantes desde hace más de 40 años, y hemos puesto esa experiencia al servicio de Europa.

 

Señoras y Señores:

 

En cada momento de nuestra actividad profesional, podemos ayudar a mejorar la vida de los demás, la vida de personas que ni siquiera conocemos. Porque no hay prosperidad que dure si no es incluyente. Porque los que podemos, debemos ayudar. Porque es un deber filosófico y moral ampliar las oportunidades de desarrollo del ser humano, cooperar, tolerar, aprender, ayudar. Como dijo alguna vez Booker T. Washington: “Los que son más felices son aquellos que hacen más por los otros”.

 

Amigos:

 

Recibir este reconocimiento de una de las más importantes Universidades de España me honra y me compromete. Por el resto de mi vida, en todos mis actos, decisiones y reflexiones, procuraré estar a la altura de esta distinción.

Muchas gracias.

 

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