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OECD Secretary-General

Coloquio del Business Leadership Forum de la IE Business School

 

Palabras de Angel Gurría

Secretario General, OCDE

25 de septiembre

(as prepared for delivery)

 

 

 

Estimado Presidente del Consejo Rector, Estimada Decana, Señoras y señores:


Me da mucho gusto participar en el Business Leadership Forum 2020 de la IE Business School.


Quiero compartir hoy algunas reflexiones sobre el complicado momento que prácticamente todos los países están atravesando a causa del COVID-19, y ofrecer algunas ideas sobre las prioridades que deberían, a juicio de la OCDE, guiar la reconstrucción de nuestras economías y sociedades.

 

El triple shock: una crisis sin precedente

El mundo está atravesando la peor crisis sanitaria, económica y social desde la Segunda Guerra Mundial.


A día de hoy, ya se han contabilizado más de 31 millones de infecciones de COVID-19 en todo el mundo, y cada día nos acercamos más a la dramática cifra de un millón de fallecidos. El virus sigue progresando en muchos países, y en muchos otros resurge con fuerza. Y seguiremos conviviendo con él hasta que seamos capaces de descubrir y – muy importante – producir y distribuir una vacuna o un tratamiento efectivo a gran escala.


Además, las medidas de confinamiento y la caída de la actividad económica en general, han hecho que este año afrontemos la peor recesión en los 60 años de historia de la OCDE. De hecho, nuestras Perspectivas Económicas más recientes, publicadas la semana pasada, estiman que el PIB mundial podría contraerse un 4.5% este año, antes de recuperarse en 2021, alcanzando un crecimiento cercano al 5%.


Desafortunadamente, la recuperación está siendo, y será, lenta y muy desigual entre sectores y países. La actividad económica ha ido recobrando impulso en algunos países, pero hay datos que sugieren que esta recuperación está perdiendo intensidad y que la confianza se mantiene débil. La realidad es que el nivel del PIB de finales de 2019 en muchos países de la OCDE no se recuperará hasta finales de 2021.


La crisis del COVID-19 está teniendo un impacto muy severo en el bienestar de las personas. En apenas unos meses, se ha llevado por delante todos los empleos creados desde la crisis financiera de 2008. Y los jóvenes, en particular, pueden ser los grandes perdedores de esta crisis. El desempleo juvenil en los países de la OCDE aumentó del 11.3% en febrero al 16.7% en junio. Desde entonces, hemos percibido una ligera mejora, pero sigue siendo un problema preocupante.


Las cifras habrían sido mucho peores si los gobiernos no hubieran tomado medidas sin precedentes para contener la enfermedad, preservar la actividad económica y proteger a los más vulnerables. Los países han movilizado billones [trillions en inglés] de euros para apoyar a las empresas y a las familias, para compensar la pérdida de ingresos y para expandir los programas de protección social. Más de 50 millones de trabajadores en los países de la OCDE han sido incluidos en algún tipo de programa de mantenimiento del empleo (lo que en España llaman ERTEs), diez veces más que durante la crisis financiera de 2008.


Desde la OCDE estamos trabajando intensamente para apoyar a nuestros miembros y a la comunidad internacional en la respuesta a la crisis. Nuestro “hub” digital sobre el COVID-19 cuenta con más de 140 documentos con análisis, datos, buenas prácticas y recomendaciones de políticas frente a las diferentes dimensiones de esta crisis. Además, nuestro principal evento anual, la Reunión Ministerial del Consejo de la OCDE, tendrá lugar a finales de octubre bajo la presidencia de España, y estará enfocada en buscar soluciones para una recuperación “fuerte, resiliente, verde e incluyente”.

 

¿Cómo enfocar la reconstrucción? Recomendaciones de la OCDE

La realidad es que la recuperación será un camino largo y duro. Principalmente, tenemos que aprender a convivir con el virus, reforzar la confianza y trabajar por una recuperación que no deje a nadie atrás. Permítanme destacar una serie de prioridades que podrían contribuir a potenciar y agilizar la recuperación.


Primero, y no me canso de repetirlo, la elección entre salud y economía es un falso dilema. Debemos seguir insistiendo en medidas de higiene y de distanciamiento personal, aumentando la capacidad de testeo y de rastreo, y considerar selectivamente medidas adicionales de salud pública. Y por supuesto, seguir invirtiendo en nuestros sistemas de salud.


Segundo, debemos aprender de nuestros errores en 2008, y mantener el esfuerzo fiscal y monetario durante este año y el próximo. Si retiramos los estímulos demasiado pronto estaremos abonando el terreno para una ola de insolvencias empresariales y de desempleo masivo.


El primer objetivo debe ser reactivar la economía mediante planes de estímulo. Pero, mantener programas de apoyo no es incompatible con adaptarlos para llegar a quienes más los necesitan: los desempleados, los jóvenes y los trabajadores con escasa cualificación. Además, habrá que decidir con mucha precisión qué medidas de apoyo mantener y por cuánto tiempo, para evitar generar distorsiones duraderas en el mercado que dañen la competencia y el “level playing field” a nivel internacional.


Tercero, tenemos ante nosotros la oportunidad de reconstruir pensando en un mejor futuro. Como decimos en inglés “to build back better”. Los planes de estímulo y de reconstrucción son una ocasión para abordar problemas persistentes, desde la baja productividad a las desigualdades o las emergencias medioambientales. Se trata de no volver a la situación pre-crisis, sino a un futuro más digital, más incluyente y más sustentable.


Como destacábamos en un informe que publicamos la semana pasada durante nuestra reunión ministerial sobre medioambiente, las energías renovables, los transportes sustentables y la economía circular ofrecen grandes oportunidades de inversión y de creación de empleos de calidad. Y parece que muchos países de la OCDE van en esta dirección. Solo en los países de la OCDE, hemos identificado en un cálculo preliminar de hasta 312.000 millones de dólares en medidas de recuperación “verdes”.


Por último, también es fundamental una respuesta multilateral ambiciosa, coordinada y coherente. La cooperación internacional será vital para descubrir, producir y distribuir una vacuna a escala masiva. Pero, es igualmente importante reforzar la cooperación internacional para preservar el sistema multilateral de comercio y de inversiones basado en reglas, y para reforzar la resiliencia de las cadenas mundiales de valor.


Lo mismo cabe decir de otra cuestión de gran actualidad que sólo puede resolverse desde el ámbito internacional: la tributación de la economía digital. Como saben, en la OCDE estamos trabajando intensamente desde hace tres años para lograr una solución consensuada cuanto antes. Sin una solución multilateral, la acumulación de medidas unilaterales podría derivar en nuevas y serias tensiones comerciales que el mundo no puede permitirse en este momento.

 

Señoras y Señores,


Vivimos momentos de gran incertidumbre. Momentos que requieren medidas audaces a nivel nacional, y más y mejor cooperación a nivel internacional. Son precisamente estos difíciles momentos lo que nos dan la oportunidad de reconstruir nuestras economías y sociedades, de repensar nuestros modelos y avanzar hacia un futuro más incluyente y más sustentable.


A ello dedicamos todos nuestros esfuerzos en la OCDE. Y tengan la certeza de que pueden contar con nuestro apoyo para acompañarles en esta transformación. Muchas gracias.

 

 

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